Por qué se bebe

Podríamos simplificar los motivos por lo que se bebe en 3 categorías:

  1. Motivos naturales: calmar la sed y restituir el equilibrio hídrico del organismo.
  2. Motivos placenteros: se bebe por el sabor agradable de la bebida o por el grado de real o falso bienestar que produce.
  3. Motivos socioculturales: ajenos tanto a la necesidad como al mero placer de la bebida.

Motivos naturales

No son importantes en nuestra sociedad occidental, pues las necesidades de agua potable están cubiertas y nadie en nuestra sociedad pasa sed. Asi que este motivo podemos olvidarlo. Además en nuestra sociedad, la palabra beber no se asocia con agua, sino que automáticamente está ligada a “beber alcohol”

Motivos placenteros

Son muy importantes y han sido siempre los determinantes para la bebida del hombre.

Por ejemplo el hábito de beber cuando comemos, porque creemos que la comida va a saber mejor. O el hábito de beber para abrir el apetito, también muy difundida en nuestra sociedad. En este caso beber no es tan peligroso, pues si se bebe mientras se come, los efectos del alcohol suelen ser más moderados. El nivel de alcoholemia puede ser el mismo, por lo que hay que tener cuidado a la hora de conducir vehículos o manejar maquinaria peligrosa.

El alcohol, que es un alimento más, se asocia tradicionalmente con el acto de comer. Una buena comida es mejor en nuestra cultura si se acompaña de un buen vino o de varios, según los distintos platos que se sirvan. Ya se habló también de su utilización para abrir el apetito, esto es, como «aperitivo»; y además existe la tópica aso­ciación de «café, copa y puro» que parece designar el obligado final de una gran comida.

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En general, se puede asegurar que este uso de las be­bidas alcohólicas suele ser moderado, salvo, claro está, las excepciones que siempre hay en todas las conductas hu­manas. El hecho mismo de que el alcohol se ingiera jun­to con alimentos sólidos limita, como sabemos, sus as­pectos indeseables. No obstante, el nivel final de alcoholemia puede ser elevado, por lo que se desaconse­ja que después de una de estas comidas se realicen de­terminados actos, sobre todo la conducción de vehícu­los o el manejo de cualquier otra maquinaria peligrosa.

Motivos socioculturales

La bebida se ha ido convirtiendo en una actividad social sin la que parece imposible la relación interperso­nal. Se bebe en cualquier reunión, venga o no a cuento. Es más, parece obligado realizar todas las relaciones hu­manas, profesionales, comerciales o meramente amisto­sas, alrededor de unas copas de alcohol. Se piensa que cualquier conversación resultará más fluida si se hace frente a unas botellas y unos vasos. Los bares y otros es­tablecimientos de este tipo son el lugar preferido de en­cuentro para muchas personas, que parecen liberarse de ataduras de cualquier tipo en ese ámbito.

El cine y, sobre todo, la televisión nos han acostum­brado a ver a hombres y mujeres continuamente con una copa en la mano en cuanto se detienen en cualquier par­te —domicilio, oficina, lugar de entretenimiento, etc.. Hace unos años, esto era especialmente llamativo en las películas que procedían de Estados Unidos, país en el que, efectivamente, el alcoholismo «social» ha constitui­do por mucho tiempo una verdadera plaga. Pero ahora no hace falta asistir a una de estas películas norteameri­canas para ver el mismo espectáculo. Sería interesante, a la par que fuente de profunda reflexión para las autori­dades correspondientes, hacer un recuento de las veces que un espectador medio de televisión contempla diariamen­te una escena de consumo de alcohol. El espectador acaba por asociar con la más estricta normalidad del comportamiento humano en cualquier situación el hecho de acompañarlo con el consumo de bebidas alcohólicas. La fuerza de este estímulo es extraordinaria, como lo sería el que todos esos personajes de ficción aparecieran de continuo consumiendo drogas de otro tipo.

beber en una fiesta

 

Algo parecido, aunque aquí de forma más directa e intencionada, es el papel que desempeña la publicidad. Ésta nos presenta continuamente a personas consumiendo alcohol y felices, rodeadas de beneficios materiales, contentísimas de su estilo de vida. Claro que éste es precisamente uno de los fundamentos de la publicidad: el reforzar en el espectador la idea de que el consumo de un determinado producto es igual a la felicidad. Sucede lo mismo con los anuncios de automóviles o de detergentes: todo el mundo es felicísimo por fregar los platos con un determinado producto o por correr velozmente con un coche por el desierto o un paisaje lunar.

La legislación vigente en España prohíbe la publicidad de tabacos y de bebidas con más de 20 grados de contenido alcohólico en la televisión. Pero la publicidad en la prensa no está sometida a estas restricciones, y su presión sobre los potenciales consumidores es enorme, sobre todo en algunas épocas del año, como las cercanas a las fiestas navideñas, durante las cuales existe la falsa noción de que deben consumirse grandes cantidades de estas bebidas, en especial el champán o el cava, cuyas ventas se disparan en esas fechas.

 

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Fases de la borrachera

fases de la borrachera

 

La borrachera tiene distintos grados, desde un grado poco aparente de alarma, hasta el grado máximo, que puede llegar a la muerte. Se puede dividir en cuatro fases según detallan los estudios del Ministerio de Sanidad y Consumo.

Primera fase de la borrachera

En el grado menor, la persona está eufórica —otras veces deprimida— y locuaz, habla mucho aunque no ten¬ga mucho que decir. El estado de ánimo está exaltado, la persona se siente fuerte y segura de sí misma. El cansancio, la fatiga y las limitaciones de cada persona no desaparecen, pero sí desaparece su ca¬pacidad para darse cuenta de ellos. Sus reflejos le parecen a la persona más vivos que nunca, pero en realidad el tiempo de reacción está alargado y disminuye la coordinación entre la vista y las manos, de tal forma que los movimientos para coger o tocar algún objeto son más torpes.

Esta fase aparece entre unas cifras de alcoholemia comprendidas entre 0,5 y 0,8 gramos por litro. Esta alcoholemia, recordémoslo, se alcanza a la media hora de ingerir —una persona de 75 kilogramos— un litro de cerveza, dos whiskies o 3/4 de litro de vino corriente.

Con alcoholemias inferiores a 0,5 gramos por litro, los efectos del alcohol pueden resultar inaparentes, pero ya está actuando sobre el sistema nervioso y es capaz de limitar la respuesta del individuo en circunstancias don¬de se necesita la más absoluta lucidez, aunque quizá no lo haga todavía en condiciones normales.

Segunda fase

Conforme la embriaguez avanza, los reflejos están más alterados, los movimientos son más torpes; la excitación conduce a un comportamiento más peligroso; la locuacidad se vuelve incoherencia verbal, se comienza a «decir tonterías» y a «trabarse la lengua». La persona canta o grita, discute o pelea, toma iniciativas impulsivamente.
Este estado se corresponde con alcoholemias entre 0,8 y 1,5 gramos por litro, que se alcanzan bebiendo en ayunas litro y medio de vino corriente, dos litros de cerveza o varias copas de licor.

Tercera fase

Si progresa la embriaguez, porque se continúa be¬biendo, el comportamiento sigue siendo peligroso. La persona tiene dificultades de equilibrio, anda titubeando o pierde la estabilidad y cae al suelo. La vista está nu¬blada, hasta llegar a la visión doble por alteración de los finos mecanismos nerviosos y musculares que regulan la mirada en paralelo de ambos ojos. La sensibilidad del tacto disminuye y es difícil reconocer los objetos tocán¬dolos y más aún el manejo delicado de alguna maquina¬ria, por sencilla que sea. Puede haber vómitos. La conducta se altera cada vez más profundamente hasta llegar a ser como la de las psicosis, con manías, obsesiones e imagi¬nación de ver o sentir cosas que sólo existen en la cabe¬za del beodo.
Esta fase se alcanza con niveles de alcoholemia de 1,5 a 4 gramos por litro, que supone el consumo de dos o tres litros de vino, varias «litronas» de cerveza, de ocho a diez copas de whisky o licor equivalente. Hay que recordar siempre que la mezcla de varias bebidas alcohó¬licas con aparente bajo contenido alcohólico cada una de ellas puede hacer que se sumen sus efectos hasta alcanzar estos niveles tan altos

Cuarta fase

Es la zona de riesgo vital. Si la ingestión de alcohol continúa y la alcoholemia sobrepasa los 4 o 5 gramos por litro de sangre, se alcanza el grado mayor de embriaguez, la persona se desploma y entra en un sueño tan profundo que es ya un estado de coma del que no se despierta espontáneamente y que puede llegar a la muerte.
En esta fase, como también en la anterior, es frecuente que el individuo en estado de embriaguez sea abandonado por las personas que han compartido con él sus horas de bebida, pero que no son capaces de prestarle la ayuda física que en esos momentos necesita o no se atreven a hacerlo.
Durante ese período de abandono, el borracho estará sometido a muchos riesgos añadidos. Puede ser atropellado por algún vehículo; padecer las inclemencias del tiempo, sobre todo del frío, que le provocará gravísimas congelaciones por tener alterado el sistema circulatorio que mantiene la temperatura corporal constante; ser objeto de robo o maltrato; y, en fin, sufrir accidentes mortales, como caídas por escaleras, ventanas, precipicios, etc.

Efectos del alcohol en el estómago.

efectos del alcohol en el estomago

El estómago es el que primero sufre los efectos de la ingesta de alcohol, porque también es el primero en entrar en contacto con él.
En la boca, el alcohol produce una disminución de la cantidad de saliva segregada por las glándulas salivares, lo cual ocasiona sensación de sequedad. A esto se une la destrucción de muchos microbios normales que se encuentran habitualmente en la boca y que impiden que se desarrollen en las mucosas otros microbios capaces de producir enfermedades.
La boca seca y la proliferación de esos gérmenes ocasionan la aparición de frecuentes infecciones en las encías, el paladar o las amígdalas, además de provocar mal olor del aliento, que llega a adquirir un hedor como a podrido. Este mal olor no lo suele apreciar la persona que lo padece, pero sí cuantos la rodean.

alcohol y estomago
El esófago es el conducto en forma de tubo que comunica la boca con el estómago. El alcohol produce en él una irritación de su pared interna con sensación de «ardor» que se ve incrementado con la aparición de vómitos. El llamado «reflujo» se manifiesta con la sensación de que una parte de lo que se ha comido o bebido vuelve hasta la boca con un sabor agrio y desagradable.
Se ha demostrado que el cáncer de esófago está favorecido por el consumo habitual de alcohol y más aún si se une al consumo de tabaco. Es uno de los tumores más malignos, con menos posibilidades de tratamiento médico o quirúrgico.
Uno de los efectos del alcohol en el estómago más comunes es la gastritis, esto es, inflamaciones de la mucosa que recubre este órgano. Puede ser una gastritis aguda con dolor intenso, sensación de pesadez, vómitos o hemorragias al romperse algunos de los pequeños vasos sanguíneos, venas o arterias, que existen en esa mucosa. La gastritis aguda es una de las manifestaciones más frecuentes que aparecen «a la mañana siguiente» y contribuye al malestar físico en esas horas después de beber alcohol.

gastritis cronica

La gastritis crónica se produce por una atrofia de la mucosa estomacal. Dicha atrofia perjudica la digestión de los alimentos, que se hace más pesada y dificultosa, con acumulación de gases y sensación de «no hacer la digestión», como si quedaran los alimentos retenidos en el estómago durante mucho tiempo. También la atrofia mucosa afecta a la correcta absorción de algunas sustancias fundamentales para el organismo, en especial la vitamina B12, cuya misión es colaborar en la producción de glóbulos rojos en la sangre. Por consiguiente, su falta ocasiona anemia y en especial la denominada anemia perniciosa, de extremada gravedad, como sugiere su nombre.
El intestino se ve afectado por el alcohol y se produce una destrucción en mayor o menor grado de su mucosa, que es la encargada de casi toda la digestión de los alimentos y de absorber hacia la sangre los productos de esa digestión. Aparecerán entonces enfermedades por falta de una correcta nutrición y asimismo diarreas agudas o crónicas que agravarán el estado de desnutrición de la persona.

Alcohol y embarazo

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El alcohol y el embarazo

Beber alcohol durante el embarazo hace que los niños recién nacidos padezcan una gravísima enfermedad llamada síndrome alcohólico fetal (SAF). Son hijos de mujeres que han consumido una cantidad excesiva de alcohol durante su embarazo, aunque pueden existir otros factores poco conocidos que faciliten la aparición de la enfermedad.

Estos niños nacen con muy poco peso y una talla reducida, tienen un importante retraso mental —de hecho, es la causa más frecuente del retraso mental y de problemas en el crecimiento en todas las estadísticas mundiales—, parálisis, malformaciones en la cara (ojos pequeños, orejas colocadas más abajo de lo normal, nariz ancha y deformada, cabeza muy pequeña) y en las extremidades (dedos de manos y pies cortos y torcidos, luxaciones de cadera). Además, la vida de estos niños se verá acortada, pues sufren muchas enfermedades, principalmente infecciosas, que les pueden ocasionar la muerte en la infancia.

Por este riesgo, una mujer no debería tomar alcohol durante el embarazo; pero es que las mujeres jóvenes que lo consumen en exceso de forma habitual pueden tener también hijos enfermos aunque se abstengan de beber durante el embarazo.

beber durante el embarazo

Uno de los mayores expertos mundiales en esta cuestión, el profesor F. Majewski, del Instituto de Genética humana y Antropología de la universidad alemana de Dusseldorf, establece una clasificación en tres grados de gravedad, según las alteraciones morfológicas del niño y la distinta afectación del sistema nervioso central:

- SAF grado III: caracterizado por un marcado re¬traso en el crecimiento intrauterino y posnatal. Re¬traso mental severo. Cabeza pequeña. Alteraciones faciales típicas: frente estrecha y echada hacia atrás, abertura de los párpados corta y estrecha, pliegue junto al ángulo palpebral más próximo a la naril (epicanto), inclinación «antimongoloide» de la abertura palpebral (ángulo externo más bajo qud el interno, al contrario que en las razas orientales y en el síndrome de Down), caída de los párpados superiores, nariz chata y respingada, hoyuelo del labio superior (filtrum) aplanado o ausente, surcos entre la nariz y el labio muy pronunciados, man­díbula inferior pequeña y como retraída (retrog-natía). En casi la mitad de los casos el paladar se encuentra muy arqueado y en alguna ocasión hen­dido. Los dientes, cuando brotan a partir del sex­to mes de vida, son pequeños y con caries prema­turas, frágiles y proclives a romperse ante mínimos traumatismos.

Los defectos cardíacos en estos niños son muy variables, pero están presentes prácticamente en la tercera parte de los pacientes. Consisten en ano­malías de la estructura interna del corazón con co­municaciones anómalas entre las distintas cavida­des del mismo, lo que condiciona una mayor o menor alteración de la circulación sanguínea.

En un 10 % de los casos existen anomalías del aparato genitourinario, que van desde los de­fectos en la formación de los riñones y de las vías de excreción de la orina hasta malformaciones en los genitales externos.

El aparato locomotor sufre también altera­ciones apreciables. Falta también el correcto de­sarrollo de los dedos de las manos, hay movilidad disminuida de los codos y luxación congenita de ca­dera (en un 10 % de los casos). Los pliegues o lí­neas de la palma de la mano son poco marcados o incluso puede faltar por completo alguno de ellos.

Con todo, las alteraciones más importantes de estos niños con SAF son las que afectan al sis­tema nervioso central. Aparecen en la casi totali­dad de los casos de SAF grave (grado III de la pre­sente clasificación) y moderado (grado II) y en aproximadamente la mitad de los casos leves (gra­do 1). Junto con los defectos estructurales en las distintas partes que componen el complejo entra­mado del sistema nervioso central (cerebro, cere­belo, bulbo raquídeo y médula espinal), lo princi­pal es su efecto sobre el desarrollo motor y especialmente el mental del pequeño paciente. El cociente intelectual (C.I.) desciende a grados de retraso mental moderado o grave; aumentan si­multáneamente los signos de hiperactividad. A par­tir del segundo o tercer año de vida, y con un co­rrecto seguimiento médico y psicológico, estos déficit pueden remitir en parte, pero nunca al­canzarán los niveles de normalidad para otros ni­ños de su misma edad.

SAF grado II: en la mayoría de los casos, el diag­nóstico puede hacerse sólo en el contexto de una historia previa positiva de consumo de alcohol ma­terno. Todos los pacientes de este grupo presen­tan retraso en el crecimiento intrauterino, bajo peso al nacer y, en los meses o años siguientes, microcefalia, leves anomalías neurológicas, especial­mente hipotonía e hiperactividad, así como algu­nas anomalías faciales, en la mayoría de los casos no diagnósticas, y escasas o ninguna malforma­ciones internas.

SAF grado I: la forma leve del síndrome alcohó­lico fetal se caracteriza por un retraso en el cre­cimiento pre y posnatal, bajo peso, microcefalia y pocas o ninguna anomalías faciales. Prácticamente en ningún caso existen malformaciones internas.

La inteligencia puede ser normal o ligeramente subnormal. Probablementelos niños se puedan integrar con los niños sanos. Estos casos pueden pasar inadvertidos cuando no se cuenta con una historia detallada de alcoholismo materno.

Otras interesantes conclusiones del trabajo del profesor Majewski son las siguientes:

-           La gravedad de las manifestaciones no depende de las cantidades de alcohol consumidas diariamente ni del período de dependencia alcohólica transcurrido con anterioridad al embarazo. Es decir,  por pequeño que sea el consumo        alcohólico de la madre gestante, el riesgo existe.

-           No se encuentra ninguna correlación entre la gravedad de las manifestaciones en los hijos y el tipo preferido de bebida alcohólica.

-           Si una mujer deja de beber como resultado de un tratamiento con éxito, no existen riesgos para la descendencia que resulte de futuros embarazos sin alcohol.

En conclusión, beber alcohol en el embarazo presenta grandes riesgos para el bebé por lo que la madre debe abstenerse por completo durante el embarazo.

 

Alcohol y medicamentos

mezclar medicacion y alcohol

Son muchas las medicinas que de una u otra manera influyen en el sistema nervioso modificando sus actividades. Unas lo hacen porque ésa es precisamente su misión: son los productos utilizados para el tratamiento de cualquier trastorno psíquico o nervioso, como el insomnio, la depresión, la ansiedad, etc. Hoy día se trata de fármacos muy extendidos entre la población y será raro el hogar en que no tenga alguno de ellos.

Otros tienen esa acción como efecto secundario de su verdadera utilidad: algunos medicamentos contra la hipertensión arterial o de los que se utilizan en ciertos trastornos digestivos, anticatarrales, antigripales, etc. La mezcla del alcohol con medicamentos puede resultar auténticamente explosiva. Los efectos sedantes o estimulantes sobre el sistema nervioso del medicamento se añaden a los de igual tipo que produce el alcohol, y la consecuencia natural es un exagerado estímulo o una exagerada depresión que  lo tolerable por el organismo.

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¿Qué ocurre si se mezclan alcohol y medicamentos adrede?

Todos los medicamentos expresan en sus prospectos las posibles contraindicaciones de su consumo junto con el alcohol. Pero una mayoría de las personas que deben seguir un tratamiento no leen los prospectos o no los entienden, por lo que ignoran el peligro al que están expuestas. Otras veces la mezcla  de alcohol y medicamentos  se hace de modo voluntario, buscando con ella precisamente la potenciación de esos efectos, en la creencia de que se va a disfrutar más con la bebida.

Como son muchísimos los medicamentos de este tipo, una medida práctica de utilidad general consiste en que toda persona que esté recibiendo medicación de cualquier tipo debe abstenerse absolutamente de tomar ni siquiera una pequeña cantidad de alcohol. 

Aqui un video sobre el tema

 

Los efectos del alcohol en el hígado

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El hígado es donde se producen la mayoría de los procesos de eliminación del alcohol, es el órgano más frecuentemente dañado por éste y de forma más grave y perjudicial para la salud.

La hepatitis  es una de las consecuencias de los efectos del alcohol en el hígado. La hepatitis alcohólica apenas se distingue en sus síntomas de la producida por infección de virus, la más conocida. Aparece ictericia, es decir, color amarillo de la piel y de los ojos, orinas oscuras, hinchazón del vientre, dolor y malestar general. En los casos más graves, cuando se produce una insuficiencia hepática aguda, el enfermo puede incluso llegar a entrar en coma, porque se acumulan en el organismo todas las sustancias tóxicas que deberían haberse eliminado por el hígado, ahora destruido masivamente. En estas ocasiones tan dramáticas, el único tratamiento posible para evitar la muerte del paciente es el trasplante hepático, si el estado del enfermo lo permite y se encuentra con la debida urgencia un donante adecuado.

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La peor consecuencia del efecto del alcohol en el hígado

   La cirrosis hepática es una causa de muerte muy común  por el efecto del alcohol en el hígado. El origen más habitual de esta enfermedad es el consumo de alcohol, aunque en ocasiones está en una hepatitis por virus o en otras enfermedades que destruyen de forma crónica la estructura del hígado. El paciente se va desnutriendo poco a poco, su vientre se hace muy voluminoso al acumularse mucho líquido en su interior, y se presenta ictericia, junto con una intensa palidez. En esta enfermedad son muy frecuentes las grandes hemorragias, que se muestran como bruscos vómitos de sangre o con heces negras por el paso de la sangre al intestino. Los tratamientos actuales son poco eficaces a la larga, aunque en un primer momento puedan detener el progreso de la enfermedad.

Efectos del alcohol en el páncreas

Efectos del alcohol en el páncreas

El páncreas es una glándula situada muy cerca del estómago. Entre las sustancias que elabora, todas esenciales para la vida, se encuentra la hormona insulina, que regula el azúcar de la sangre y cuya carencia origina la enfermedad llamada diabetes.

El efecto del alcohol en el páncreas ocasiona graves alteraciones con destrucción de sus tejidos y aparición de la enfermedad pancreatitis aguda, que puede llevar a la muerte en muy corto espacio de tiempo. De hecho, la inmensa mayoría de las pancreatitis se producen en personas alcohólicas o en otras que, aun no siendo bebedores habituales, han realizado una ingestión exagerada de alcohol.

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Si el paciente no muere en la fase aguda de la enfermedad, debe ser sometido a una importante intervención quirúrgica para extirparle todo o gran parte del páncreas, con lo que quedará de por vida con un severísimo defecto en cuanto a su capacidad digestiva, y también con una diabetes que le obligará a tener que inyectarse insulina para siempre.

Aprende más sobre la pancreatitis aguda en Wikipedia

Tipos de bebidas alcohólicas

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Todas las bebidas llamadas alcohólicas contienen alcohol etílico mezclado con otros productos, que son los que dan sus peculiares características a cada una de ellas. En algunas, el alcohol es el resultado de la fermentación de la materia original de la bebida, como sucede con el vino, la cerveza o la sidra, las tres bebidas alcohólicas más antiguas conocidas y utilizadas por la humanidad. En otras, el alcohol es un añadido artificial que pretende elevar el valor euforizante de una bebida o servir de disolvente para otras sustancias vegetales que definen el tipo de licor.

Lo más importante a la hora de hablar de bebidas alcohólicas es saber a qué se denomina graduación o grado alcohólico de las mismas. La graduación de una bebida cualquiera es el porcentaje de alcohol puro que contiene en una unidad de volumen. Es decir, una bebida de 10 grados (10°) será la que contenga 10 centímetros cúbicos, o mililitros, de alcohol puro en 100 centímetros cúbicos de bebida, o lo que es lo mismo, 100 centímetros cúbicos de alcohol puro en cada litro de bebida.

Por tanto, es mucho menos importante el tipo de bebida que se tome que su contenido de alcohol o graduación. Así, por ejemplo, una jarra de cerveza tiene la misma cantidad de alcohol que un vaso de vino o que una copa de licor. Ese alcohol tendrá el mismo efecto sobre el organismo, sea cual sea su procedencia.

Veamos ahora los principales tipos de bebidas alcohólicas.

 

Vino

El vino es un producto obtenido exclusivamente por la fermentación alcohólica, total o parcial, de las uvas frescas o de los mostos de uva.

Mosto es el jugo obtenido de la uva fresca mediante el estrujado o prensado, mientras no ha comenzado la fermentación.

Hay dos grandes categorías de vinos: los vinos blancos y rosados, obtenidos de la fermentación del jugo de la uva; y los vinos tintos, obtenidos a partir del grano completo de la uva, incluyendo la piel u pellejo, que es lo que le proporciona el color.

Cerveza

Las cervezas son bebidas alcohólicas preparadas por fermentación —mediante levaduras seleccionadas— de mostos procedentes de la cocción en agua de granos de cebada germinada, lo que se denomina malta. Además se les añaden extractos de flores de lúpulo, que le proporcionan su sabor amargo característico y su aroma; y anhídrido carbónico, que las hace espumosas.

Su graduación no debe ser inferior a 3″ y por lo general alcanza entre 5″ y 8″, dependiendo del grado de fermentación y de la calidad de la malta utilizada.

Hoy día se publicitan mucho las llamadas cervezas sin alcohol, que en realidad no son tal cerveza, sino malta de cebada sin apenas fermentar. De hecho, alguna fermentación tiene que haber y estas bebidas contienen un grado mínimo, inferior al 1 %, de alcohol.

Aguardientes y licores

- Brandy: también conocido como cognac o coñac, aunque este nombre está protegido por la denominación de origen francesa y por eso no puede utilizarse en las bebidas de este tipo producidas en otros países, como España

Se obtiene a partir de aguardiente de vino «envejecido» en barricas de roble por un período no inferior a dos años, pero que puede alcanzar los diez años o más, aumentando con ello la calidad del producto.

Su graduación alcohólica mínima es de 36″, pero algunas marcas alcanzan los 40° o más.

-  Whisky: se obtiene por destilación de mosto fermentado de cereales y la posterior mezcla, según las marcas y los tipos, del producto de varias destilaciones. Más tarde se procede al envejecimiento —entre tres y doce años— en barricas de roble. La graduación alcohólica media oscila alrededor de los 40″.

Con un segundo proceso de destilación y añadiendo cierta cantidad de azúcares se obtienen los licores de whisky, que mantienen graduaciones similares al producto original.

- Ron: es la bebida obtenida por fermentación alcohólica y posterior destilación de las melazas procedentes de la fabricación del azúcar de caña o bien del propio jugo de la caña de azúcar. Su graduación mínima está en los 37,5°.

- Orujo: fabricado a partir del orujo de uva, es decir, del resto de las uvas que queda después de ser exprimidas para la fabricación del vino. Es un producto de destilación, hecho muchas veces de forma artesanal, casera y con pocas garantías de higiene; hoy la ley prohíbe comercializar orujos no industriales. La graduación alcohólica mínima es de 37,5″.

- Aguardientes de frutas: bebidas con graduación mínima de 37,5°, obtenidas por destilación de los fermentados de distintas frutas: kirsch de cereza, marrasquino de guindas, aguardiente de ciruelas, etc.

Ginebra o gin: es la bebida obtenida por aromatización de alcohol etílico con bayas de enebro, de modo que el gusto de éstas predomine sobre el del alcohol. La graduación mínima es de 37,5″.

Entra en la composición de muchas bebidas «largas» o «combinados».

Pacharán: es una bebida alcohólica que se fabrica únicamente en España. En la actualidad está muy comercializada, pero hasta hace pocos años su elaboración era casi exclusivamente artesanal en muchas comarcas del norte de España. Se fabrica con endrinas, también llamadas arañones, que se dejan macerar en alcohol en una proporción de 250 gramos de frutos por litro de alcohol puro. El color rojo característico procede de esos frutos. La graduación alcohólica mínima es de 25″.

Anís: es la bebida obtenida por aromatización de alcohol etílico con extractos naturales de anís verde, de anís estrellado y de hinojo, solos o utilizando varios de ellos a la vez. En algunas zonas de España se denomina matalahúva porque éste es el nombre que recibe la semilla de anís. Los nombres tan típicos de cazalla, chinchón u ojén se refieren a las localidades donde se fabrican esas variedades de anís. Su graduación alcohólica no es inferior a 35″.

Licores: se denomina licor a cualquier bebida alcohólica dulce aromatizada con diversas sustancias. El grado alcohólico mínimo es de 15″ y debe contener además un mínimo de 100 gramos de azúcar por cada litro de alcohol. A este grupo pertenecen los licores de manzana, melocotón y otras frutas.

Combinados: la combinación de varias bebidas alcohólicas entre sí o con otros productos no alcohólicos es un tipo de bebida que cada vez prolifera más entre las costumbres sociales. Suelen recibir el nombre genérico de cócteles. Los tipos de estas mezclas son innumerables y de lo más variopinto, pero nunca debemos perder de vista el componente alcohólico de las mismas, que será el que al fin y al cabo provoque los efectos indeseables del alcohol.

¿Qué es el alcohol?

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Hoy en día se llama alcohol a muchos compuestos orgánicos, formados por carbono, oxígeno e hidrógeno, que reaccionan con los ácidos formando compuestos llamados éteres o esteres. Son derivados de los hidrocarburos o de los hidratos de carbono, en los que un átomo de hidrógenoes sustituido por una molécula de OH llamada oxidrilo. Según la cantidad de átomos sustituidos se obtienen diferentes tipos de alcoholes muy distintos entre sí como el alcohol etílico o la glicerina.

En general, los alcoholes son incoloros, líquidos, solubles en agua y de olor característico. Sin embargo, otros son más complejos y pueden presentarse como sustancias sólidas o aceitosas.

Normalmente cuando hablamos de alcohol, sin ponerle ningún otro calificativo, nos referimos  siempre al alcohol etílico o etanol, con fórmula química C2H5OH, líquido incoloro, aromático y volátil, que arde con llama azul. Se obtiene de la fermentación vegetal a partir de líquidos que contienen azúcares sencillos, como la glucosa o azúcar de uva, y la fructosa o azúcar de las frutas; también es posible obtenerlo a partir de otros hidratos de carbono, como la sacarosa o azúcar de la remolacha, el almidón o la celulosa, que se descomponen con facilidad en aquellos azúcares simples.

Aparte del alcohol etílico existen en la naturaleza y en la industria otros muchos alcoholes. Vamos a ver algunos de ellos:

-    Alcohol absoluto: es el alcohol etílico que se halla en estado puro, es decir, completamente exento de agua. Se dice que tiene 100 grados, esto es, que el ciento por ciento de su composición es alcohol.

-     Alcohol alcanforado: es un producto de uso medicinal utilizado para el tratamiento de algunas enfermedades de la piel. Se obtiene disolviendo una pequeña porción de alcanfor en alcohol.

-      Alcohol bencílico: forma parte de muchos perfumes. Está presente en la esencia de jazmín, de Jacinto, en el bálsamo de Tolú y en otros elementos utilizados para la industria de perfumería.

-      Alcohol metílico: también llamado alcohol de madera porque se obtiene por la destilación de ésta. Es un líquido muy tóxico que se utiliza en la fabricación de barnices y pinturas. En algunas ocasiones, debido a su bajo precio, se ha pretendido utilizar para la elaboración de bebidas, lo que ha dado lugar a gravísimas intoxicaciones que han llevado a la ceguera o a la muerte a quienes lo han ingerido.

El alcohol etílico tiene numerosas utilidades industriales: combustible, disolvente, componente de muchos productos de limpieza hogareña como limpiacristales, elaboración de perfumes y cosméticos, colorante para los tejidos de seda, e incluso como sustancia anticongelante para añadir al agua de los radiadores de los vehículos en las épocas frías.

Sin embargo, el mayor uso que el hombre hace del alcohol etílico es como bebida,  y en éste uso nos centramos en esta web.